=PROTESIS PIP=



Durante los últimos meses, el –en realidad ya algo antiguo – escándalo de las próstesis defectuosas de la marca francesa Poly Implant Prothese (PIP) ha saltado a todos los medios de comunicación europeos. Esta empresa se fundó en 1991 por Jean-Claude Mas (previamente representante farmacéutico de Bristol-Myers antes de convertirse en empresario de éxito) y por un cirujano plástico que, según las crónicas, murió al poco en un accidente.

PIP se convirtió en pocos años en el tercer fabricante mundial de prótesis de mama gracias a sus extraordinariamente competitivos precios. Se le estima una producción de unos 100.000 implantes/año durante 20 años (y unas 400.000 mujeres portadoras de los mismos; siempre me pregunto dónde están los que faltan). Diversas alarmas saltaron desde ¿2001? cuando, al parecer, este fabricante inició la producción fraudulenta de prótesis con especificaciones diferentes a las establecidas inicialmente y autorizadas por los organismos competentes. Esto se tradujo en un índice mayor (de 2 a 10 veces más frecuente) de roturas de prótesis (disrupción de la membrana, también de silicona generalmente, que recubre el gel almacenado en el interior, de forma que éste sale al espacio quirúrgico y puede migrar a ganglios regionales y, eventualmente, casi a cualquier parte).

En 2007 y 2008 la marca PIP ya fue condenada a pagar una indemnización de 1,4 millones € por una demanda en Reino Unido. Sólo en Marsella, la fiscalía ha recibido más de 2000 demandas más desde entonces, aunque Monsieur Mas parece que sigue sin ser formalmente imputado a pesar de que ha admitido que sus empleados tenían instrucciones de esconder todas las “pistas” que pudieran alertar a los inspectores que periódicamente visitaban su empresa. Al parecer descansa tranquilamente en alguna (supongo) lujosa mansión mientras espera que la tormenta (pegajosa, como la propia silicona) escampe (o a que lo pille la Interpol). La noticia de mujeres portadoras de estas prótesis que han desarrollado cáncer de mama, aunque se admite que no tiene relación causal demostrada, ha hecho, finalmente, explosionar el escándalo.



El problema ha afectado a muchos países y las soluciones que se están arbitrando son diferentes, incluso por regiones: dentro del Reino Unido, por ejemplo, Gales parece que ofreció desde el comienzo del escándalo a la retirada y el reimplante de otras prótesis a las mujeres que lo solicitaran y, en cambio, en Inglaterra no se aconsejó específicamente que esto sea necesario. Actualmente parece que en el Reino Unido se ofrece realizarlo (el explante) en cualquier mujer que tenga una preocupación personal con este tema (aunque se hace responsable del costo a las clínicas y hospitales que los implantaron).



Tanto en el Reino Unido como en otros países se han designado diferentes comités de expertos aunque los datos caen con cuentagotas y, como podría suponerse, son bastante dispares. Algunos de estos grupos han señalado que ni siquiera existe una evidencia de que el porcentaje de rotura sea mayor del 1-2% habitual a 5-10 años. Sin embargo la mayoría de actores implicados (excepto algunas corporaciones privadas de estética) optan por lo que parece la solución más prudente (aunque con los riesgos de una segunda cirugía): el explante con/sin sustitución por otras prótesis. La sociedad internacional de cirugía plástica estética recomienda su extracción, apoyando la decisión francesa. La Sociedad Española de Cirugía Plástica aboga por una solución más individualizada aunque no evita pronunciarse sobre la conveniencia de, al menos, un seguimiento cercano.

En Murcia sólo se han ofrecido datos del número de mujeres que han recibido estos implantes en el ámbito de la asistencia pública y se ha intentado tranquilizar a las portadoras asegurando que no se ha probado su genotoxicidad. La mayoría de autoridades sanitarias aconsejan un “seguimiento cercano” (que no se especifica cómo de intenso ni por qué medios) y una “toma de decisiones individualizada” (que también podríamos definir como arbitraria). Finalmente, desde la Agencia de Medicamentos y Productos Sanitarios del Ministerio de Sanidad se ha elaborado un protocolo (documento que está agregado en el botón más abajo) que incluye un exigente proceso burocrático para el implante, actuación y comunicación de efectos secundarios ligado a este problema. Mientras tanto, las mujeres afectadas también han empezado ya a asociarse y se inician acciones judiciales.